Los charcos no tienen edad

La costa de Gran Canaria está repleta de lugares entre la tierra y el mar donde el tiempo se detiene para que las familias descubran la verdadera dimensión de la vida rodeados de los sorprendentes habitantes del litoral.

La profundidad de un charco es relativa. En cualquier charco que puedas encontrar en la costa de Gran Canaria cabe toda la felicidad del mundo. Los niños y las niñas lo saben bien. La costa de la isla está repleta de estos lugares a medio camino entre la tierra y el mar. Son los ojos cristalinos del océano y en Gran Canaria te aguardan con su mirada azul en casi cualquier sitio para que tú y tus hijos se olviden de las horas.

Playa de Las Canteras en Gran Canaria

El tiempo se detiene al borde de los charcos. Es como si quisiera imitar a los burgaos, los minúsculos caracoles marinos. Sin embargo, los más pequeños no tardarán en darse cuenta de que los burgaos, en realidad, sí se mueven. Lentamente, con la paciencia de quien habita al borde del infinito Atlántico. A veces, cuando hay un poso arenoso en el fondo del charco, dejan un rastro sinuoso. Es lo que algunos llaman ‘el baile del burgao’.

Estrella de Mar

Cada charco es un minúsculo parque temático. Papá y mamá pueden acomodarse en alguna de las piedras volcánicas modeladas por el mar mientras los niños siguen descubriendo que en Gran Canaria los charcos ofrecen siempre mucho más de lo que parece a primera vista.

Piscinas naturales de Arinaga

Unos ojos de alguien que parece recién despertado de un profundo sueño te miran desde el agua. Son cabosos, unos peces rechonchos habituales en las lagunas intermareales de Gran Canaria. Parecen observarlo todo, también a los cangrejos ermitaños que van de un lado a otro e incluso a las gaviotas que os sobrevuelan.

Piscinas naturales del Charco San Lorenzo

Te sumas a ellos y lanzas piedras al mar. Quizás ya hayan aprendido a seleccionar las piedras más planas y arrojarlas de tal modo que salten sobre el mar. El sol se despide y tiñe la superficie de tu charco con tonos primero amarillentos y rojizos poco después. Porque los charcos de Gran Canaria son también un lienzo donde la mágica luz de la isla imprime su huella. Termina el día, el día en el que tú y tu familia han descubierto la verdadera profundidad de un charco.