Ella, Gran Canaria

Ella, Gran Canaria, también celebra marzo, el mes de la mujer. Las mujeres han modelado la historia de la Isla con la misma sabiduría con la que María Guerra, la alfarera de La Atalaya de Santa Brígida, le daba forma a sus piezas hasta convertirlas en obras únicas. Señala una montaña, una playa, un monumento, una roca o un paisaje cualquiera. Detrás encontrarás siempre la huella de las mujeres, sin la cual Gran Canaria no sería lo que es.

Ella, Gran Canaria, está hecha de tiempo, memoria, sol y barro, como su símbolo femenino por excelencia, el ídolo aborigen de Tara, una pieza de terracota relacionada con el culto a la fertilidad.

Ella, Gran Canaria, es hija de la luz, de los rayos de sol que justamente a partir de marzo penetran en el marcador solar de la cueva de Risco Caído e iluminan los triángulos grabados sobre la piedra para representar la fecundidad. Y así ocurre día tras día, hasta que dejan paso a partir de octubre a la luna, para que sean sus pálidos dedos los que continúen dibujando la secuencia del ciclo de la vida sobre los milenarios muros.

Escultura del Ídolo de Tara

Ella, Gran Canaria, habita en las olas, bebiéndose la espuma del océano, impulsada por los vientos alisios y observada por los peces, las estrellas marinas, los cangrejos y los delfines, como las hermanas Ruano, campeonas tantas y tantas veces en los campeonatos mundiales de Windsurf que ya hasta el Atlántico ha perdido la cuenta.

Busca y la encontrarás. Busca como hizo la poeta Pino Ojeda, que buscó por algas, por peces, por rocas agudas, por olas y por anchas playas doradas. Porque las mujeres de Gran Canaria han creado su propia isla de palabras, versos y metáforas. Josefina de la Torre escribió en ‘Poemas de la isla’ que “el sol en la playa tiene juegos de niño pequeño con el mar y las sombrillas”.

Visita guiada al Yacimiento Arqueológico Risco Caído

Gran Canaria es también un lienzo y una musa del arte. Lola Massieu comenzó a pintar con apenas once años en el taller de su tío Nicolás. Sus primeras fuentes de inspiración antes de convertirse en una de las cimas canarias de la pintura experimental fueron precisamente los paisajes de su isla natal.

La Isla también ha encontrado en ellas la voz oportuna para expresarse. Mary Sánchez inmortalizó con su canto de seda y volcán la canción ‘Sombras del Nublo’. Y hubo también mujeres que supieron cambiar el curso de la historia insular, como Andamana, que hizo posible la unificación de los diez reinos en los que se dividía Gran Canaria hasta el siglo XIV.

Tres personas contemplan las vistas del Roque Nublo, al fondo de la imagen

Hemos citado apenas a unas pocas mujeres de Gran Canaria entre las muchas que han puesto y ponen su empeño en hacer de la Isla un lugar distinto, acogedor e inolvidable. Ellas han estado y están detrás del aroma, el sabor, la historia y la autenticidad de Gran Canaria. Ellas son Gran Canaria y Gran Canaria es cada una de ellas: cada abuela, cada madre, cada hija, cada nieta y todas y cada una de las mujeres que irradian su magia por este rincón del mundo. Porque Gran Canaria, en efecto, eres tú.