La reflexión y conceptualización
sobre el término género representa seguramente uno de los logros teóricos más
fructíferos para el estudio de la posición de la mujer en el mundo rural y para comprender el
resultado de las relaciones de género en la sociedad rural en sentido amplio.
La temática más recurrente en la bibliografía especializada
se centra en:
1.
La invisibilidad del trabajo de las mujeres.
Insuficiencia de datos estadísticos sobre el trabajo de la mujer, tanto en la
esfera productiva como reproductiva.
2.
La división sexual del trabajo.
En la estructura social los hombres predominan en una producción cada vez más
mecanizada y las mujeres quedan relegadas a tareas menos tecnológicas.
3.
La pluriactividad y el trabajo fuera de la explotación.
Las mujeres que, aparte de su trabajo en la explotación agraria, realizan otra
actividad fuera de la misma tienen prácticamente el mismo trabajo doméstico que
otras mujeres.
4.
La profesionalización de agricultoras y ganaderas y la educación.
La mujer ha pasado de ser “la mujer de” a ser ella misma una profesional, lo
que implica saber manejar y reorientar expectativas contradictorias en relación
con el trabajo agrario y doméstico.
5.
La actividad política y el empoderamiento.
Se constata la ausencia de mujeres en puestos de liderazgo (agrícola, político,
sindical, empresarial, etc.) así como en puestos de decisión. El aumento del
trabajo y las responsabilidades no ha incrementado la participación en la toma
de decisiones.
4.2.
La situación laboral de las mujeres rurales
El proceso de
desagrarización y modernización socioeconómica ha ido acompañado de un profundo
cambio en la situación de las mujeres del medio rural. Existe una creciente
actividad productiva de estas mujeres, cambiantes relaciones de género,
diferentes patrones espaciales de participación y nuevos sectores de actividad.
El papel de la mujer en el
sector primario pierde peso progresivamente. La agricultura es,
mayoritariamente, una fuente de rentas complementarias. Con la excepción de la aparcería, sector ornamental
(flores y plantas), el empaquetado agrícola y la elaboración de quesos
artesanales, ocupaciones feminizadas, la incorporación de la mujer rural al
mundo laboral se hace, fundamentalmente, en el sector servicios.
Así, las mujeres rurales se integran
aceleradamente en los procesos de asalarización y terciarización. Sin embargo,
la segregación, la remuneración, el trabajo estacional y a tiempo parcial y el
valor asociado a los empleos varían según se trate de actividades masculinas o
femeninas
Las mujeres de mediana y avanzada
edad continúan teniendo un papel relevante en la agricultura a tiempo parcial y
en la aparcería. En este tipo de trabajos se produce una fuerte discriminación
laboral de género (los hombres ocupan los puestos de encargados, hacen uso de
la maquinaria, realizan el trabajo más cualificado y obtienen mayores
ingresos). A pesar de esta explotación laboral, muchas mujeres de mediana edad
aceptan la aparcería porque les permite combinar trabajo externo con trabajo
doméstico (lo que revela el carácter complementario de una parte del empleo
femenino y la necesidad de crear y reconocer otras formas de empleo flexibles y
de adoptar formas innovadoras en la organización del trabajo).
Como
principal amenaza específica para el empleo femenino, resaltamos el desigual
reparto de las responsabilidades y tareas domésticas en la esfera privada. La
ausencia de servicios complementarios de apoyo: transportes, guarderías,
ludotecas, centros de estancia diurna y residencias para discapacitados y
mayores, etc., agrava la participación de la mujer en la vida activa.
Un enfoque global del desarrollo
rural debe integrar las estrategias de igualdad y de ajuste estructural en el mercado laboral y la
infraestructura social, de forma que permitan a la mujer rural una mayor
participación en los sistemas de empleo y de toma de decisiones.
4.3.
La formación como estrategia en la búsqueda de autonomía e independencia
económica
Actualmente
la formación es para las mujeres su más potente estrategia y, por lo tanto,
fortaleza para su empoderamiento en la nueva ruralidad.
Las iniciativas en materia de educación básica y de
formación deberían ser objeto de un nuevo enfoque centrado en la perspectiva de
una vida de aprendizaje, donde se estimule el deseo y la capacidad para seguir
los estudios.
Según
las conclusiones del I Congreso Canario de Mujeres del Mundo Rural, se percibe
que mujeres jóvenes y adultas participan en actividades organizadas de educación
y formación. Las principales razones aducidas por las mujeres para formarse son
las de tipo “personal”, frente a las “profesionales” de los hombres, aunque
estas razones varíen según el nivel educativo.
Los obstáculos que las mujeres
señalan para su participación en este tipo de actividades son múltiples, pero
en primer lugar sitúan la “falta de tiempo”, seguida por las “responsabilidades
familiares”, razones que los hombres sitúan en cuarto o quinto lugar.
Otras limitaciones tienen que ver con la desinformación y la imagen que tienen
de sí mismas
Las opciones formativas de las
mujeres se suelen ajustar a dos itinerarios tipo, que reflejan la situación
vital condicionada fundamentalmente por la edad. Así, las mujeres de más edad escogen, en mayor medida, cursos de
formación sociocultural, mientras que las usuarias más jóvenes suelen realizar
cursos de formación ocupacional.
La emisora cultural Radio ECCA y los
Centros de Educación de las Personas Adultas han jugado un papel destacado en
las islas en la alfabetización y la formación básica, pero específicamente en
el ámbito rural han posibilitado una mejora importante del nivel cultural de
las mujeres, gracias a su red de centros zonales de apoyo.
Los proyectos de la Iniciativa
Comunitaria de Empleo y Recursos Humanos Now, han incidido en la formación,
profesionalización y en la mejora de las condiciones de vida y de trabajo de
las mujeres en el mundo rural, promocionándolas en ocupaciones con futuro
(actividades relacionadas con el medio ambiente y el turismo rural) y mejorando
las que ya ocupan (como la elaboración de alimentos y objetos artesanales).
Los procesos de socialización de la mujer rural cada vez se
asemejan más a los de la mujer urbana, jugando un papel fundamental el sistema
educativo y los medios de comunicación. La participación política de la mujer
sigue siendo minoritaria reduciéndose a pocas concejalías en los distintos
ayuntamientos de la Isla, así como a una sola alcaldía.
Asociacionismo
En el ámbito rural se ha mantenido
una fuerte diferenciación de los espacios que correspondían a hombres y
mujeres. A los primeros, les correspondía la calle y, en general, lo público; a
las segundas, la casa y, en general, lo doméstico y lo privado. A pesar de
esto, las mujeres siempre han participado como agente activo en la esfera
pública y en la economía, pero sin el reconocimiento social con el que han
contado los hombres, infravalorándose normalmente su contribución. Sin embargo,
cada vez hay más signos de la participación femenina en los espacios públicos,
provocados por los cambios socioeconómicos y la mayor movilidad, siendo
fundamentalmente las mujeres jóvenes las que protagonizan este cambio.
Existen espacios de participación
mayoritariamente femenina, como las asociaciones vecinales, parroquiales, de madres y padres, en las que
muchas veces se reproduce una diferenciación de género.
En los últimos años se han creado
asociaciones de mujeres en San Bartolomé de Tirajana, Gáldar, Agüimes, Arucas,
Mogán, Sta. Brígida, Guía, Valsequillo y Teror.
Sin embargo, lo doméstico sigue
siendo la asignatura pendiente del mundo rural; la doble o triple jornada es
una constante en la vida diaria de la mujer.
Los medios de comunicación, la
educación y la formación constituyen valiosos instrumentos para la promoción de
una imagen positiva de una nueva realidad de la vida familiar y la vida
cotidiana, en la que los papeles sean compartidos por ambos sexos y se
contribuya a cambiar las mentalidades y las actitudes.
La participación de las mujeres en
asociaciones, organismos, redes, etc,
relacionadas con el desarrollo rural, así como la representación directa de las
mujeres en los órganos de decisión económicos, sociales y políticos se hace
imprescindible para la aplicación y seguimiento eficaz de un desarrollo
equilibrado.
4.5. La juventud como activo clave en la
dinamización del medio rural
El colectivo considerado
como juventud es el de todas las personas situadas en el intervalo de edad
entre los 16 y los 29 años. Se trata de una definición operativa, que engloba
situaciones muy diversas, encuadradas entre la edad en que finaliza la
obligatoriedad de la educación y los 30 años, ya que la generalización del
alargamiento de los estudios y la dificultad para la inserción en la vida
laboral y para conseguir vivienda, retrasan el proceso de adultización
de un estrato poblacional cada vez más amplio.
La población joven de las islas
representa casi un tercio de la población total. Esta juvenilización,
resultado de las altas tasas de natalidad de los años 60 y 70, se encuentra
actualmente en retroceso. Estas tasas de juventud son menores en los municipios
más rurales.

Fuente:
INE 1999

Considerando que la
proporción media de población juvenil grancanaria es del 26,66 %, podemos
considerar que los municipios de Artenara, Tejeda, Vega de San Mateo, Valleseco
y Moya son los municipios que se sitúan muy por debajo de la media en cuanto a
población joven se refiere, mientras que Agüimes, Ingenio, Santa Lucía de
Tirajana y Telde se sitúan por encima de dicha media.
Existe un cierto consenso al señalar
al colectivo de jóvenes rurales como la pieza básica del desarrollo rural. La
razón de la inclusión de este grupo poblacional en el PDR responde a la
necesidad de políticas activas que favorezcan el asentamiento de este sector de
la población en las áreas rurales, sin el cual no se produciría la
“revitalización” de estas zonas, y así conseguir que el mundo rural cumpla las
tres funciones básicas que se le asignan: productiva, social y ambiental.
Analizaremos como principales variables del proceso de desarrollo e integración del
colectivo juvenil: la educación, el empleo, la vivienda y la participación.
Los niveles de formación de la
población juvenil de una sociedad están vinculados con las potencialidades de
desarrollo de la misma. En el caso de las islas, contamos con un colectivo
juvenil muy amplio y con una formación cada vez más completa.
El 48'3% de la población joven del
Archipiélago estudia, superando la media estatal, que es del 41'6%. Se ha
señalado que la tendencia formativa creciente coincide con la dificultad que
están teniendo para encontrar trabajo. A su vez, esta dinámica afecta en mayor
medida a la mujer. En el medio rural ha tenido lugar un creciente nivel de
formación en todas las etapas educativas (produciéndose una mejora
intergeneracional), aunque al mismo tiempo tiene lugar un déficit en la
adecuación de esta formación y la capacitación.
La creciente demanda de formación entre
el colectivo de jóvenes, como fenómeno sociocultural y como estrategia de
promoción, implica para la juventud un empuje hacia el abandono del entorno
rural en dos sentidos. Por un lado, para poder acceder a parte de los recursos educativos. Por otro, para
poder obtener un puesto de trabajo donde desarrollar las aptitudes
profesionales adquiridas.
4.7. Juventud y actividad laboral
La capacidad del medio rural para
retener a la población más joven va a depender, fundamentalmente, de la oferta
laboral que genere. En este sentido, desde hace algún tiempo se vienen
planteando alternativas al éxodo rural de la juventud mediante opciones
laborales relacionadas con la diversificación y valorización de la producción
agropecuaria y a través de los denominados yacimientos de empleo. Estas
iniciativas han conseguido incrementar el índice de empleabilidad del colectivo
juvenil a escala local.
El desempleo varía en función de la
edad, pero afecta aproximadamente al 60% de la población joven. Este nivel de
paro se incrementa entre el colectivo de las mujeres jóvenes.
La contratación temporal les
afecta en un 66%. Por rama de actividad, la juventud trabaja fundamentalmente
en el sector servicios (69'1%), especialmente en el comercio, hoteles y
restaurantes.
En resumen, el empleo juvenil en
Canarias se caracteriza por:
q
Temporalidad
q
Discontinuidad
q
Estacionalidad
q
Inestabilidad
q
Rotación
El
retraso en la edad de emancipación es una de las características de la juventud
actual. La incapacidad para acceder a la vivienda se prolonga en muchos casos
aún disponiendo de un empleo, bien porque este no les proporciona suficientes
ingresos, bien porque su duración es corta e incierta, lo cual dificulta tanto
la compra de una vivienda como su arrendamiento.
Una gran proporción de este
colectivo vive con los padres. En Canarias, un 26% de los hogares constituyen
"familias colchón", con jóvenes de entre 25 y 29 años. Esta
proporción se eleva en Gran Canaria al 27'4%.
En Gran Canaria se ha observado un
aumento generalizado del precio de la vivienda y del suelo, como resultado de
la presión urbanística. En consecuencia, el medio fundamental de acceso a la
misma, sobre todo en el medio rural, es la autoconstrucción y la herencia o
donación.
La puesta en funcionamiento del
servicio “Bolsa de Vivienda” por parte de la Dirección General de la Juventud
del Gobierno de Canarias, ha tenido como objetivo principal mitigar la
dificultad de acceso a la primera residencia de los jóvenes, aunque se ha dirigido
básicamente a las áreas metropolitanas, quedando el medio rural fuera de
su ámbito de intervención.
4.9. Juventud, participación y
asociacionismo
Las tasas de asociacionismo del
colectivo juvenil son superiores a las de los adultos, especialmente en el
intervalo más joven. Un elemento que caracteriza el fenómeno del asociacionismo
juvenil es el alto nivel de inserción personal, familiar y social de sus
integrantes.
A pesar de ello, el 65 % de la
juventud canaria no participa en ninguna asociación, porcentaje similar al
observado para el conjunto de España. La tasa de pertenencia asociativa en la
población juvenil es en Canarias del 33'6%, cercana al 34% de España.
La carencia de
infraestructuras de ocio o su inadecuación se convierte en un obstáculo para
promover el encuentro y el asociacionismo entre los jóvenes, así como para el
desarrollo de todo tipo de actividades.
Un
reciente estudio del Cabildo sobre las asociaciones juveniles recoge que en la
Isla hay censadas 240 entidades de este tipo, de las que más de la mitad (125)
tienen sede en la capital insular, destacando que una importante cantidad de
las mismas son de carácter deportivo. Este mismo estudio señala que “la
homogeneización de la cultura juvenil, las transformaciones en los sectores
productivos o el desarrollo de las redes de comunicación, entre otros factores,
ponen en entredicho las viejas diferencias entre el asociacionismo rural o
urbano”.
Podemos decir que las asociaciones
juveniles en el mundo rural son menos frecuentes, menos variadas y
especializadas, pero más polivalentes. Esta polivalencia puede ser clave en el
desarrollo sociocultural de las zonas rurales, donde existen deficiencias en
los recursos para el desarrollo cultural y su promoción adecuada. En este
sentido, la potenciación del asociacionismo juvenil es un elemento clave para
el desarrollo sociocultural en el medio rural, reforzando la organización y las
identidades locales.