4. MUJERES Y JÓVENES

 

4.1. La mujer en el desarrollo rural

 

La reflexión y conceptualización sobre el término género representa seguramente uno de los logros teóricos más fructíferos para el estudio de la posición de la mujer  en el mundo rural y para comprender el resultado de las relaciones de género en la sociedad rural en sentido amplio.

 

La temática más recurrente en la bibliografía especializada se centra en:

 

1.      La invisibilidad del trabajo de las mujeres. Insuficiencia de datos estadísticos sobre el trabajo de la mujer, tanto en la esfera productiva como reproductiva.

2.      La división sexual del trabajo. En la estructura social los hombres predominan en una producción cada vez más mecanizada y las mujeres quedan relegadas a tareas menos tecnológicas.

3.      La pluriactividad y el trabajo fuera de la explotación. Las mujeres que, aparte de su trabajo en la explotación agraria, realizan otra actividad fuera de la misma tienen prácticamente el mismo trabajo doméstico que otras mujeres.

4.      La profesionalización de agricultoras y ganaderas y la educación. La mujer ha pasado de ser “la mujer de” a ser ella misma una profesional, lo que implica saber manejar y reorientar expectativas contradictorias en relación con el trabajo agrario y  doméstico.

5.      La actividad política y el empoderamiento. Se constata la ausencia de mujeres en puestos de liderazgo (agrícola, político, sindical, empresarial, etc.) así como en puestos de decisión. El aumento del trabajo y las responsabilidades no ha incrementado la participación en la toma de decisiones.

 

4.2. La situación laboral de las mujeres rurales

 

El proceso de desagrarización y modernización socioeconómica ha ido acompañado de un profundo cambio en la situación de las mujeres del medio rural. Existe una creciente actividad productiva de estas mujeres, cambiantes relaciones de género, diferentes patrones espaciales de participación y nuevos sectores de actividad.

 

El papel de la mujer en el sector primario pierde peso progresivamente. La agricultura es, mayoritariamente, una fuente de rentas complementarias. Con la excepción de la aparcería, sector ornamental (flores y plantas), el empaquetado agrícola y la elaboración de quesos artesanales, ocupaciones feminizadas, la incorporación de la mujer rural al mundo laboral se hace, fundamentalmente, en el sector servicios.

 

Así, las mujeres rurales se integran aceleradamente en los procesos de asalarización y terciarización. Sin embargo, la segregación, la remuneración, el trabajo estacional y a tiempo parcial  y  el valor asociado a los empleos varían según se trate de actividades masculinas o femeninas

 

Las mujeres de mediana y avanzada edad continúan teniendo un papel relevante en la agricultura a tiempo parcial y en la aparcería. En este tipo de trabajos se produce una fuerte discriminación laboral de género (los hombres ocupan los puestos de encargados, hacen uso de la maquinaria, realizan el trabajo más cualificado y obtienen mayores ingresos). A pesar de esta explotación laboral, muchas mujeres de mediana edad aceptan la aparcería porque les permite combinar trabajo externo con trabajo doméstico (lo que revela el carácter complementario de una parte del empleo femenino y la necesidad de crear y reconocer otras formas de empleo flexibles y de adoptar formas innovadoras en la organización del trabajo).

 

Como principal amenaza específica para el empleo femenino, resaltamos el desigual reparto de las responsabilidades y tareas domésticas en la esfera privada. La ausencia de servicios complementarios de apoyo: transportes, guarderías, ludotecas, centros de estancia diurna y residencias para discapacitados y mayores, etc., agrava la participación de la mujer en la vida activa.

 

Un enfoque global del desarrollo rural debe integrar las estrategias de igualdad  y de ajuste estructural en el mercado laboral y la infraestructura social, de forma que permitan a la mujer rural una mayor participación en los sistemas de empleo y de toma de decisiones.

 

 

4.3. La formación como estrategia en la búsqueda de autonomía e independencia económica

 

Actualmente la formación es para las mujeres su más potente estrategia y, por lo tanto, fortaleza para su empoderamiento en la nueva ruralidad.

 

Las iniciativas  en materia de educación básica y de formación deberían ser objeto de un nuevo enfoque centrado en la perspectiva de una vida de aprendizaje, donde se estimule el deseo y la capacidad para seguir los estudios.

 

Según las conclusiones del I Congreso Canario de Mujeres del Mundo Rural, se percibe que mujeres jóvenes y adultas participan en actividades organizadas de educación y formación. Las principales razones aducidas por las mujeres para formarse son las de tipo “personal”, frente a las “profesionales” de los hombres, aunque estas razones varíen según el nivel educativo.

 

Los obstáculos que las mujeres señalan para su participación en este tipo de actividades son múltiples, pero en primer lugar sitúan la falta de tiempo”, seguida por las responsabilidades familiares”, razones que los hombres sitúan en cuarto o quinto lugar. Otras limitaciones tienen que ver con la desinformación y la imagen que tienen de sí mismas

 

Las opciones formativas de las mujeres se suelen ajustar a dos itinerarios tipo, que reflejan la situación vital condicionada fundamentalmente por la edad. Así,  las mujeres de más edad escogen, en mayor medida, cursos de formación sociocultural, mientras que las usuarias más jóvenes suelen realizar cursos de formación ocupacional.

 

La emisora cultural Radio ECCA y los Centros de Educación de las Personas Adultas han jugado un papel destacado en las islas en la alfabetización y la formación básica, pero específicamente en el ámbito rural han posibilitado una mejora importante del nivel cultural de las mujeres, gracias a su red de centros zonales de apoyo.

 

Los proyectos de la Iniciativa Comunitaria de Empleo y Recursos Humanos Now, han incidido en la formación, profesionalización y en la mejora de las condiciones de vida y de trabajo de las mujeres en el mundo rural, promocionándolas en ocupaciones con futuro (actividades relacionadas con el medio ambiente y el turismo rural) y mejorando las que ya ocupan (como la elaboración de alimentos y objetos artesanales).

 

 

4.4. Sociabilidad y participación

 

Los procesos de  socialización de la mujer rural cada vez se asemejan más a los de la mujer urbana, jugando un papel fundamental el sistema educativo y los medios de comunicación. La participación política de la mujer sigue siendo minoritaria reduciéndose a pocas concejalías en los distintos ayuntamientos de la Isla, así como a una sola alcaldía.

 

Asociacionismo

 

En el ámbito rural se ha mantenido una fuerte diferenciación de los espacios que correspondían a hombres y mujeres. A los primeros, les correspondía la calle y, en general, lo público; a las segundas, la casa y, en general, lo doméstico y lo privado. A pesar de esto, las mujeres siempre han participado como agente activo en la esfera pública y en la economía, pero sin el reconocimiento social con el que han contado los hombres, infravalorándose normalmente su contribución. Sin embargo, cada vez hay más signos de la participación femenina en los espacios públicos, provocados por los cambios socioeconómicos y la mayor movilidad, siendo fundamentalmente las mujeres jóvenes las que protagonizan este cambio.

 

Existen espacios de participación mayoritariamente femenina, como las asociaciones vecinales,  parroquiales, de madres y padres, en las que muchas veces se reproduce una diferenciación de género.

 

En los últimos años se han creado asociaciones de mujeres en San Bartolomé de Tirajana, Gáldar, Agüimes, Arucas, Mogán, Sta. Brígida, Guía, Valsequillo y Teror.

Sin embargo, lo doméstico sigue siendo la asignatura pendiente del mundo rural; la doble o triple jornada es una constante en la vida diaria de la mujer.

 

Los medios de comunicación, la educación y la formación constituyen valiosos instrumentos para la promoción de una imagen positiva de una nueva realidad de la vida familiar y la vida cotidiana, en la que los papeles sean compartidos por ambos sexos y se contribuya a cambiar las mentalidades y las actitudes.

 

La participación de las mujeres en asociaciones, organismos,  redes, etc, relacionadas con el desarrollo rural, así como la representación directa de las mujeres en los órganos de decisión económicos, sociales y políticos se hace imprescindible para la aplicación y seguimiento eficaz de un desarrollo equilibrado.

 

 

4.5. La juventud como activo clave en la dinamización del medio rural

 

El colectivo considerado como juventud es el de todas las personas situadas en el intervalo de edad entre los 16 y los 29 años. Se trata de una definición operativa, que engloba situaciones muy diversas, encuadradas entre la edad en que finaliza la obligatoriedad de la educación y los 30 años, ya que la generalización del alargamiento de los estudios y la dificultad para la inserción en la vida laboral y para conseguir vivienda, retrasan el proceso de adultización de un estrato poblacional cada vez más amplio.

 

La población joven de las islas representa casi un tercio de la población total. Esta juvenilización, resultado de las altas tasas de natalidad de los años 60 y 70, se encuentra actualmente en retroceso. Estas tasas de juventud son menores en los municipios más rurales.

 

 

Fuente: INE 1999

Considerando que la proporción media de población juvenil grancanaria es del 26,66 %, podemos considerar que los municipios de Artenara, Tejeda, Vega de San Mateo, Valleseco y Moya son los municipios que se sitúan muy por debajo de la media en cuanto a población joven se refiere, mientras que Agüimes, Ingenio, Santa Lucía de Tirajana y Telde se sitúan por encima de dicha media.

 

Existe un cierto consenso al señalar al colectivo de jóvenes rurales como la pieza básica del desarrollo rural. La razón de la inclusión de este grupo poblacional en el PDR responde a la necesidad de políticas activas que favorezcan el asentamiento de este sector de la población en las áreas rurales, sin el cual no se produciría la “revitalización” de estas zonas, y así conseguir que el mundo rural cumpla las tres funciones básicas que se le asignan: productiva, social y ambiental.

 

Analizaremos como  principales variables del proceso de desarrollo e integración del colectivo juvenil: la educación, el empleo, la vivienda y la participación.

 

 


4.6. Juventud y formación

 

Los niveles de formación de la población juvenil de una sociedad están vinculados con las potencialidades de desarrollo de la misma. En el caso de las islas, contamos con un colectivo juvenil muy amplio y con una formación cada vez más completa.

 

El 48'3% de la población joven del Archipiélago estudia, superando la media estatal, que es del 41'6%. Se ha señalado que la tendencia formativa creciente coincide con la dificultad que están teniendo para encontrar trabajo. A su vez, esta dinámica afecta en mayor medida a la mujer. En el medio rural ha tenido lugar un creciente nivel de formación en todas las etapas educativas (produciéndose una mejora intergeneracional), aunque al mismo tiempo tiene lugar un déficit en la adecuación de esta formación y la capacitación.

 

La creciente demanda de formación entre el colectivo de jóvenes, como fenómeno sociocultural y como estrategia de promoción, implica para la juventud un empuje hacia el abandono del entorno rural en dos sentidos. Por un lado, para poder acceder a  parte de los recursos educativos. Por otro, para poder obtener un puesto de trabajo donde desarrollar las aptitudes profesionales adquiridas.

 

 

4.7. Juventud y actividad laboral

 

La capacidad del medio rural para retener a la población más joven va a depender, fundamentalmente, de la oferta laboral que genere. En este sentido, desde hace algún tiempo se vienen planteando alternativas al éxodo rural de la juventud mediante opciones laborales relacionadas con la diversificación y valorización de la producción agropecuaria y a través de los denominados yacimientos de empleo. Estas iniciativas han conseguido incrementar el índice de empleabilidad del colectivo juvenil a escala local.

 

El desempleo varía en función de la edad, pero afecta aproximadamente al 60% de la población joven. Este nivel de paro se incrementa entre el colectivo de las mujeres jóvenes.

 

La contratación temporal  les afecta en un 66%. Por rama de actividad, la juventud trabaja fundamentalmente en el sector servicios (69'1%), especialmente en el comercio, hoteles y restaurantes.

 

En resumen, el empleo juvenil en Canarias se caracteriza por:

 

q       Temporalidad

q       Discontinuidad

q       Estacionalidad

q       Inestabilidad

q       Rotación

 

4.8. Juventud, emancipación y vivienda

 

El retraso en la edad de emancipación es una de las características de la juventud actual. La incapacidad para acceder a la vivienda se prolonga en muchos casos aún disponiendo de un empleo, bien porque este no les proporciona suficientes ingresos, bien porque su duración es corta e incierta, lo cual dificulta tanto la compra de una vivienda como su arrendamiento.

 

Una gran proporción de este colectivo vive con los padres. En Canarias, un 26% de los hogares constituyen "familias colchón", con jóvenes de entre 25 y 29 años. Esta proporción se eleva en Gran Canaria al 27'4%.

 

En Gran Canaria se ha observado un aumento generalizado del precio de la vivienda y del suelo, como resultado de la presión urbanística. En consecuencia, el medio fundamental de acceso a la misma, sobre todo en el medio rural, es la autoconstrucción y la herencia o donación.

 

La puesta en funcionamiento del servicio “Bolsa de Vivienda” por parte de la Dirección General de la Juventud del Gobierno de Canarias, ha tenido como objetivo principal mitigar la dificultad de acceso a la primera residencia de los jóvenes, aunque se ha dirigido básicamente a las áreas metropolitanas, quedando el medio rural fuera de su  ámbito de intervención.

 

 

4.9. Juventud, participación y asociacionismo

 

Las tasas de asociacionismo del colectivo juvenil son superiores a las de los adultos, especialmente en el intervalo más joven. Un elemento que caracteriza el fenómeno del asociacionismo juvenil es el alto nivel de inserción personal, familiar y social de sus integrantes.

 

A pesar de ello, el 65 % de la juventud canaria no participa en ninguna asociación, porcentaje similar al observado para el conjunto de España. La tasa de pertenencia asociativa en la población juvenil es en Canarias del 33'6%, cercana al 34% de España.

 

La carencia de infraestructuras de ocio o su inadecuación se convierte en un obstáculo para promover el encuentro y el asociacionismo entre los jóvenes, así como para el desarrollo de todo tipo de actividades.

 

Un reciente estudio del Cabildo sobre las asociaciones juveniles recoge que en la Isla hay censadas 240 entidades de este tipo, de las que más de la mitad (125) tienen sede en la capital insular, destacando que una importante cantidad de las mismas son de carácter deportivo. Este mismo estudio señala que “la homogeneización de la cultura juvenil, las transformaciones en los sectores productivos o el desarrollo de las redes de comunicación, entre otros factores, ponen en entredicho las viejas diferencias entre el asociacionismo rural o urbano”.

 

Podemos decir que las asociaciones juveniles en el mundo rural son menos frecuentes, menos variadas y especializadas, pero más polivalentes. Esta polivalencia puede ser clave en el desarrollo sociocultural de las zonas rurales, donde existen deficiencias en los recursos para el desarrollo cultural y su promoción adecuada. En este sentido, la potenciación del asociacionismo juvenil es un elemento clave para el desarrollo sociocultural en el medio rural, reforzando la organización y las identidades locales.