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Naturaleza

 

La naturaleza vive a todo tren en Gran Canaria

Es difícil de contar. ¿Cómo voy a explicar que un planeta entero cabe en una isla de menos de 50 kilómetros de diámetro? Pero es que es así. Gran Canaria guarda un mundo en miniatura, con dos hemisferios, con dos caras opuestas. Una cara repleta de playas y otra, menos conocida, rellena de montañas y de intrincados barrancos que nacen en la cumbre de la isla y van cayendo hasta tocar el mar.

Roque Nublo
Una casa escondida entre almendros en flor

No muy lejos de las risas que cubren las playas hay un escenario natural desatado, que vive a su aire, gracias al clima afortunado de esta parte del globo. Un clima que conforma este micromundo de paisajes cambiantes.

Imagina caminar por tu ciudad y ver cómo cambia el tiempo sólo con voltear una esquina. Cambia una vez y luego otra, sólo con doblar la calle. Pues eso, justo eso, es lo que le pasa a la isla de Gran Canaria. Según te vas alejando de la costa se van apareciendo climas y paisajes tan diversos que no parecen de la misma parentela. A veces ni primos lejanos.

El Bentayga a contraluz en la cumbre de Gran Canaria
Vista de la Caldera de Bandama

Bosques de pinos. Laurisilva. Barrancos que se enredan entre montañas y se lanzan de cabeza cuando ven llegar el mar. Un paisaje lunar viviendo en la cumbre, sobre el mar de nubes. Palmerales yendo de excursión y recodos apartados que esconden la extraña flora de la Macaronesia. Y además, una larga y oxigenante red de caminos reales que se reparten por las montañas y que permiten al visitante caminar entre pinos y helechos y piconeras y dragos y calderas y tajinastes y veroles.

Excursionistas bordean una presa de la cumbre de Gran Canaria

Caminar. Caminar y respirar. En medio de la naturaleza de una isla que guarda el 43% de su territorio protegido. En una isla calificada por la Unesco como Reserva de la Biosfera. Caminar cerca del mar, o entre bosques o por veredas que unen pueblos que duran un minuto. Andar bajo el mágico escenario que forman los saltos de agua en los años de lluvia, o junto a las escorrentías que marchan a refugiarse a las presas de los altos de Gran Canaria.

Bueno. Quizás toda esta mezcla de ingredientes que se cocina en medio del mar es difícil de explicar. Es complicado contar que Gran Canaria es un continente en miniatura. Quizás te gustaría venir a verlo.

 

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