Gran Canaria
Web Oficial de Turismo de Gran Canaria
Gran Canaria

San Agustín

Documento sin título

El club del sol tranquilo está en San Agustín

Para entrar en el Club de los inviernos tranquilos no hace falta superar un complicado proceso de selección. No necesita tampoco la recomendación de un socio numerario. Sólo hay que dirigir los pasos hacia el sur de Gran Canaria. Al doblar una curva, de repente, aparecerá la silueta brillante de los hoteles de San Agustín y el sol suave que vive en esa playa le firmará su carné de socio. Sobre la marcha.

Vista de la playa de San Agustín

Hay buen número de miembros en el Club de los inviernos tranquilos. Vuelven un año. Y luego el siguiente. A veces en enero. Otras veces en septiembre. ¿Las razones? Pues seguramente tienen que ver con la tranquilidad que se respira en San Agustín. Con el clima agradable que es norma de la zona. Con su playa familiar, resguardada. Con el ritmo lento de las horas que van cayendo en los días de playa.

Sí. Claro que sí. Hay otros lugares de Gran Canaria donde puede encontrar bullicio, motos acuáticas, surfistas hiperactivos que esquivan olas, música corriendo entre los bares y playas que estallan de gente divirtiéndose.

Una señora pasea por la orilla de la playa
Una pareja paseando por la orilla de la playa

Pero en San Agustín los miembros del club están en otra cosa. Parecen empeñados en detenerlo todo por unos días. Para descansar, pasear, quitarse preocupaciones en la gigantesca talasoterapia de la zona, o simplemente tomar el sol entre baños de mar.

¡Qué extraños son los seres humanos! Hay gente así. Gente por que alguna curiosa razón desaparece varios días al año para dedicarse tiempo sólo para ellos. Sin prisas, sin horarios, sin pensar en el trabajo, sin reloj. A veces hasta se niegan a llevar nombre encima.

Vista de la playa de San Agustín al atardecer

Todos los integrantes del club de los inviernos (y veranos) tranquilos, están empeñados en mantener su carné de socio perpetuo. Un carné que va pasando de generación en generación. Y así seguirá siendo, por los siglos de los siglos, mientras el mundo se siga empeñando en correr tan rápido fuera de San Agustín.