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Los tranquilones no van al cielo

 
Hay gente comodona. Sí, querido lector. La hay.

Hay gente que se niega a moverse de un radio de 5 manzanas alrededor de su casa. Gente que no entiende que para llegar a los sitios más mágicos hay que ser decididos. Decididos a alcanzar lugares que para los demás están lejos.


Por eso hay gente incapaz de recorrer la carretera curva que llega desde la cálida costa de Gran Canaria hasta la cumbre de la isla.

Y por eso hay gente que se va a perder el espectáculo de sentirse un astronauta sin despegar del suelo. Un astronauta de excursión en Tejeda, el pequeño pueblo de Gran Canaria donde vive el mar de nubes. Sí, hay gente que se lo va a perder.

Pero si tú, querido amig@, eres del grupo de los inquietos, del selecto grupo de los que no podrían quedarse quietos en un sitio ni atornillados, entonces y sólo entonces sigue nuestro consejo.


En Gran Canaria hay una carretera que parte desde las playas, pasa por pueblos y pueblos y llega casi hasta el cielo. Hasta aquí todo muy normal. Pero al poco empieza la parte menos común, porque el camino sigue subiendo y subiendo y va dejando atrás las nubes y el cielo ya queda por debajo de uno cuando se llega a Tejeda.

Y esta es toda nuestra historia. Es sólo un pequeño consejo al viajero: no dejes de conocer el pequeño pueblo de Tejeda. A sólo una hora y poco más desde la costa, hay una carretera que te sube tan alto que llegas a pisar el cielo (2 horas si viajas con algún goloso que quiera parar en San Mateo a comprar dulces y pan de huevo con azúcar).




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