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Gastronomía

El mercado de los 500 sabores distintos

La Vega de San Mateo es un municipio cuyo nombre ya indica una especialización agrícola. El lugar donde se asienta el pueblo que es su cabecera, ha ostentado a lo largo de los últimos siglos cierta variedad de nombres con un denominador común: Vega de Matos en el siglo XVIII, Vega Alta en el XIX hasta llegar a Vega de San Mateo en el XX. Si algo queda claro es que se trata de una vega, lo que indica una tierra fértil, favorecida por la lluvia y regada por abundante agua, con un clima húmedo que se beneficia –en este caso– de los vientos alisios. La carretera que la unía con la capital fue una de las primeras de la isla. Más arriba, tierra adentro, sólo había senderos y veredas, ¡y más agricultura y ganadería!

Antonio Ramírez adquirió a mediados del siglo XX una finca en La Lechuza, en ese “más arriba” que no era sino ladera silvestre. Sorribó el terreno decidido a darle un uso agrícola, pensando en cultivar viña. Una vez limpio de la vegetación que allí crecía por su propia naturaleza, una pesada barra de hierro (“Me la hizo Miguel, el herrero de La Caldereta”) fue la herramienta que le permitió hacer los agujeros en el suelo, para promover que allí enraizaran miles de parras hasta tener una plantación “de tres fanegadas enteras”.

Miles de kilos de uva de mesa de esta finca llegaron al mercado, en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, aquellos años siguientes. Pero la carretera no extendía aún su serpenteante trazado hasta aquella ladera. Antonio tuvo que recurrir al mismo medio de transporte que conocieron sus antepasados y los antepasados de sus vecinos: las bestias mulares. Sólo para acercarse al pueblo, que desde allí la fruta ya podía seguir viaje en camión.

Pasaron los años y la uva dejó de ser rentable. No lo dudó y arrancó casi todas las parras. En su lugar iban a crecer alcachofas, también papas y pimientos. Es la vida del agricultor. Pero como el mundo sigue dando vueltas y no se detiene para mirar atrás, con la siguiente generación (sus hijos) volvió a cambiar de cultivo… para plantar viña, y mucha. Ahora iban a hacer vino. Y en el siglo XXI la Vega de San Mateo es uno de los municipios con mayor producción vinícola de la isla, sólo superado por Santa Brígida.

Su mercado es ahora el consumidor de la isla, allá donde esté. Pero los productos de esta familia y de otras de la Vega que se dedican a la producción agroalimentaria, tienen también una cita semanal con el mercadillo de su propio pueblo. Lugar de paso para quienes aprovechan el día libre del sábado o del domingo y se dirigen a la cumbre de excursión familiar o entre amigos, varios miles de ellos se detienen en el Mercado Agrícola y Artesano de la Vega de San Mateo, el mayor y más concurrido de la isla.

La oferta de productos aquí es de tal envergadura y el ambiente que se ha generado en torno a él es tan animado, que incluso es lugar de destino y no de paso para muchos de sus visitantes. Y la localidad tiene una gran variedad de exquisitos productos que lo señalan como atractivo por sus alimentos. Ya hemos citado los vinos, pero no podemos olvidar sus quesos (especialmente conocidos son aquí los frescos), la miel, la repostería, los panes y, naturalmente, la extensa gama de ingredientes de la gastronomía que ofrece la agricultura (verduras, hortalizas, frutas, hierbas aromáticas… y hasta unas flores para decorar la mesa).

Y si su intención es que los productos ya estén cocinados y sobre una plato diciendo “¡cómeme!”, aprovechen la visita a San Mateo para saborear la cocina de sus muchos restaurantes. ¡Que lo disfruten!