Caminar sobre el océano en Gran Canaria

El paseo marítimo entre las playas de Las Burras y San Agustín ofrece amplias vistas y muestra además la esencia del litoral sureño.

Lo colosal y lo pequeño conviven en las vistas que se contemplan desde el paseo que une las playas de Las Burras y San Agustín, en el sur de Gran Canaria. Es probable que la mirada se pose en primer lugar en la imponente presencia del Atlántico, que se muestra aquí inmenso y sonoro en su encuentro con la costa. La punta de Maspalomas y las dunas se adivinan al fondo, hacia el poniente. Son un sinuoso trazo dorado que remata el cuadro. 

Las Dunas de Maspalomas vistas desde San Agustín

En alta mar, la pugna de brisas y corrientes marinas que viajan en sentido opuesto hace que las olas se frenen en un punto intermedio de la bahía y protagonicen un lento baile de espuma e incertidumbre. ¿Qué viento se impondrá? ¿El que sopla del sur o el que lo hace del norte? En la orilla, en cambio, reina la calma sobre la arena de la playa de Las Burras.

Playa de Las Burras, San Agustín

Quienes se bañan en sus aguas de cristal se mueven con movimientos parsimoniosos que imitan la cadencia del oleaje. La bahía, de hecho, provoca un efecto  hipnótico. Es un hechizo de magia blanca. Muy pocos saben ni sabrán jamás que el enclave debe su nombre a las carreras de animales que organizaban grupos de vecinos de Telde y Agüimes a finales del siglo XVI, según dan fe actas encontradas en el Archivo Histórico Provincial de Las Palmas.  

Playa de San Agustín, San Bartolomé de Tirajana, Gran Canaria

Tras un primer vuelo panorámico, el repaso visual de la escena se detendrá en otros detalles que forman parte de la esencia de este paraje. La playa de Las Burras está literalmente envuelta en un abrazo. Está cerrada al sur por una onda arenosa sobre la que reposan varias barquillas de pesca. Al otro lado, se eleva el acantilado de piedra que enmarca el norte del arenal y sobre el que discurre el tramo a pie que conduce hasta la playa de San Agustín, que todavía no se ve. Solo se adivina. 

Paseo en San Agustín
Varias personas recorren el Paseo de San Agustín
Varias personas corren y pasean por el Paseo de San Agustín
Noche en San Agustín, al sur de la isla de Gran Canaria

Algunas personas transitan con paso rápido. O corriendo. El paseo es un gimnasio asomado al océano. Otras avanzan sin prisa alguna. Se detienen cada cierto tiempo y contemplan el entorno y lo que ocurre en él con detenimiento, por ejemplo, a las familias que se lanzan entre risas desde los toboganes flotantes que se pueden alquilar en la playa, dotada de todos los servicios esenciales, desde duchas, accesos adaptados a puesto de socorro, además de la reserva de hamacas y sombrillas. 

Varias personas disfrutan de un día de playa en San Agustín
Varias personas en la orilla o en la arena en Playa de San Agustín
Varias personas disfrutan de actividades de ocio en el mar, en la Playa de Las Burras, San Agustín
Vista desde el mar de la playa de Las Burras en San Agustín

Los grandes cangrejos rojos que pintan su silueta sobre la oscura roca de origen volcánica salpican el litoral que se divisa desde el corredor marítimo. Finalmente, es posible caminar sobre el mar. La irrupción de la lava en el agua marina originó estructuras geológicas que conforman escenarios casi teatrales, con siluetas que se retuercen o que claman al cielo, como aullidos de piedra congelados en el tiempo, expuestos a los caprichos de las mareas. Una escalinata de piedra permite descender hacia una cala de callaos para no ver otra cosa que pura roca y océano y sentirse así parte del espíritu de Gran Canaria. 

Cae la noche en el Paseo de San Agustín, en Gran Canaria

El camino comienza a descender lentamente y deja ver a un grupo de pescadores que prueban fortuna en una baja que anticipa la llegada a la playa de San Agustín, anunciada por un antiguo búnker poéticamente ocupado por las aves de la zona para nidificar. A partir de ahí se extiende otra historia sobre las orillas en Gran Canaria. Ocurre lo mismo si se decide andar desde Las Burras en dirección a Playa del Inglés. Solo hay que decidir el rumbo. El sol y el salitre nos seguirán allá donde quiera que vayamos.