Los ojos azules de Valsequillo de Gran Canaria

El tajinaste azul, el Roque Grande y el Roque Chico son algunos de los símbolos naturales de Valsequillo, en Gran Canaria.

La dulzura comienza con un sonido: el zumbido alrededor de las flores de los tajinastes azules y tomillos que se aferran a las laderas de Valsequillo, municipio de mieles, paisajes, quesos, senderos, sensaciones y culturas. El vuelo falsamente azaroso de las abejas forma parte de una coreografía de la Naturaleza que concluye simbólicamente en el Roque Grande, estandarte petrificado de esta zona donde Gran Canaria se acerca al cielo y otea el océano. 

Tajinastes azules en Tenteniguada, Valsequillo

Clavado en el cielo azul, por encima de humanos, abejas, lagartos y retamas, un halcón gobierna el lugar con su mirada, tan aguda y penetrante como el azul de los tajinastes cuando florecen cada año entre enero y abril. Caminar por el sendero que se adentra en la Reserva Natural de Los Marteles, en Valsequillo, nos permite adentrarnos en este reino con su corte de retamas y magarzas de cumbre, salvias blancas, cañahejas, morgallanas y pinares.

Mariposa posada en Tajinastes Azules en Tenteniguada, Valsequillo

Esta historia que se eleva en ocasiones hasta los cielos desciende también hasta las profundidades. Las Cuevas del Salviar, al inicio del camino que conduce hasta el Roque Grande, testigo y superviviente del origen volcánico de este entorno, nos hablan de la rica cultura ganadera de Gran Canaria y en concreto de Valsequillo, pues se trata de cavidades utilizadas antiguamente por los pastores locales. 

Roques en Tenteniguada, Valsequillo

El Roque Grande y su inseparable escolta, el Roque Chico, proyectan su sombra sobre un territorio donde existen también nacientes de agua y donde además resulta posible sorprenderse ante el vuelo de un vencejo o incluso de alguna aguililla. Al pie de ambos, en una cota de unos mil quinientos metros de altura, se extiende a nuestros pies una panorámica salpicada por terrenos de cultivo, distintas tonalidades del color verde, frutales y casas blancas que se prolonga hasta el Atlántico, un océano cercano y lejano al mismo tiempo, como un invitado en este paisaje profundamente rural que observa las escenas que se desarrollan en él. 

Tajinastes azules en Valsequillo

Valsequillo, el municipio de las mil y una rutas, escribe algunas de sus líneas más expresivas y clarividentes alrededor del Roque Grande y de su mejor escribano, el Roque Chico. Resulta recomendable echarse a un lado de este camino poblado por tajinastes de hasta cuatro metros de altura, escuchar el silencio y dejarse envolver por los aromas de este campo de las maravillas. O tender el mantel y, por qué no, degustar un queso de Valsequillo adquirido en el pueblo e incluso un poco de esa miel cuyo origen se encuentra en la volátil sinfonía de las abejas, aquí, donde la naturaleza insular nos muestra un rosto de piedra y ojos azules.