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Blog Oficial de Turismo de Gran Canaria

Puerto de Las Nieves y playa, en Agaete

Playa de Agaete en Gran Canaria: azules, calmas y mares

Las piscinas naturales y las luminosas playas de Agaete sacian el espíritu de mar, como escribió el poeta Saulo Torón.

El mar abre sus ojos azules en la desembocadura del barranco de Agaete. Aquí, en las piscinas naturales de las Salinas, la vida se torna brillante y transparente. Hasta el propio transcurrir del tiempo parece ralentizarse cuando nos sumergimos en este entorno labrado por el oleaje sobre la piedra volcánica en un feliz encuentro entre elementos tan dispares como el agua y el fuego. De la lucha entre ambos surgieron finalmente la armonía y la belleza. 


Valleseco

El tiempo se detiene en Valleseco

Valleseco, en el corazón verde de Gran Canaria, envuelve al visitante en un manto de naturaleza, tradiciones y sabores.

Valleseco se despereza al alba y se arrulla en la noche con un rumor de aguas. Los lavaderos, los vestigios de viejos molinos, las galerías y las acequias componen un espejo donde se mira y se reconoce un municipio que despliega cada mañana un inmenso muestrario natural donde se puede comprobar que existe una cantidad aparentemente infinita de tonalidades del color verde.


Centro Interpretación de Risco Caído, Artenara

Gran Canaria abre un túnel al pasado

El Centro de Interpretación de Risco Caído y los Espacios Sagrados de Montaña recorre los valores de un espacio declarado Patrimonio de la Humanidad.

Hubo un tiempo en el que los antiguos habitantes de Gran Canaria fueron capaces de establecer un vínculo entre el cielo y la tierra. Ocurrió en las cumbres de la isla. Aquellas personas crearon un mundo único que surgió entre sus manos y en el que implicaron a los mismísimos astros. El ejemplo más espectacular de este diálogo entre los humanos, el sol y la luna surgió hace ocho siglos en una cavidad a 1.200 metros de altura excavada en la piedra volcánica. La luz solar y el halo de plata de las lunas llenas penetraban como por arte de magia a través de la claraboya rectangular diseñada a tal efecto, de tal modo que iluminaban y recorrían las figuras grabadas sobre una de las paredes de la llamada cueva número seis de Risco Caído. Pero no era magia, sino el fruto conjunto de la observación, la técnica y las creencias.


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