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Blog Oficial de Turismo de Gran Canaria

Torres de la Iglesia de San Matías, en Artenara, con Roque Nublo al fondo

Las torres de Artenara contemplan a las de Gran Canaria

Hay cuatro torres que miran hacia las alturas a la vez que rasgan los límites entre cielo y tierra en la cumbre de Gran Canaria.

Estos índices de piedra atrapan la mirada y la empujan hacia arriba, con la insistencia de un niño y la perseverancia de los siglos. Señalan lo evidente. El azul sin interrupciones y los pinares a sus pies. Pero revelan también una realidad que escapa en un primer instante del ángulo de visión. Se trata del curso del tiempo y las historias de quienes han habitado y habitan en la linde de dos mundos.


Centro Interpretación de Risco Caído, Artenara

Gran Canaria abre un túnel al pasado

El Centro de Interpretación de Risco Caído y los Espacios Sagrados de Montaña recorre los valores de un espacio declarado Patrimonio de la Humanidad.

Hubo un tiempo en el que los antiguos habitantes de Gran Canaria fueron capaces de establecer un vínculo entre el cielo y la tierra. Ocurrió en las cumbres de la isla. Aquellas personas crearon un mundo único que surgió entre sus manos y en el que implicaron a los mismísimos astros. El ejemplo más espectacular de este diálogo entre los humanos, el sol y la luna surgió hace ocho siglos en una cavidad a 1.200 metros de altura excavada en la piedra volcánica. La luz solar y el halo de plata de las lunas llenas penetraban como por arte de magia a través de la claraboya rectangular diseñada a tal efecto, de tal modo que iluminaban y recorrían las figuras grabadas sobre una de las paredes de la llamada cueva número seis de Risco Caído. Pero no era magia, sino el fruto conjunto de la observación, la técnica y las creencias.


Faro de Arinaga

Faro de Arinaga, un reino entre el mar y la tierra

El Faro de Arinaga, en Gran Canaria, corona y vigila una costa y un paraje natural terrestre de gran valor paisajístico.

Llegar a los pies de un faro es un acto que posee algo de aventura. Esta sensación se deba probablemente a las historias que la imaginación asocia de manera irremediable a unas construcciones ligadas al trasiego de barcos durante siglos, a capitanes y tripulaciones buscando una luz salvadora en las noches de tormenta, a fareros solitarios y a emplazamientos tan alejados como hermosos. Este halo donde confluyen la imaginación y la realidad rodea también a la luminaria de Arinaga, en la costa del municipio de Agüimes, en Gran Canaria, el faro que hoy guía estas palabras.


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