El Greetingman saluda a los viajeros que llegan a Las Palmas de Gran Canaria
La escultura situada en la Plaza de Canarias, frente al Muelle Santa Catalina, recuerda la estrecha relación entre la República de Corea y Gran Canaria.
Quienes visiten la zona portuaria de Las Palmas de Gran Canaria se encontrarán con una figura de seis metros de alto, dos de ancho y con un peso de dos toneladas fabricada en aluminio y con una estructura interior de acero. Es imposible no reparar en ella y no elevar la mirada cuando la tenemos delante. Se trata del Greetingman, una donación de la República de Corea (Corea del Sur) para testimoniar los sesenta años de presencia coreana en el Puerto de Las Palmas y los setenta de las relaciones diplomáticas entre España y el país coreano.
El Greetingman de Gran Canaria es el único existente en los países de la Unión Europea y representa el símbolo universal del respeto y la cordialidad; por eso, cuando lo miramos, nos daremos cuenta de su inclinación de 15 grados para representar el tradicional saludo coreano que evidencia esos valores de cercanía y concordia.
El acercamiento entre la República de Corea y Gran Canaria nació en el Puerto de Las Palmas en 1966 -por lo que el próximo año se cumplirán los sesenta años- con la llegada de la flota pesquera coreana y el establecimiento de una comunidad destacada de personas residiendo en la isla. Pero esa relación inicial ya ha trascendido a lo gastronómico, lo social, lo educativo o lo cultural, logrando que Corea del Sur forme parte de la vida y el avance de Gran Canaria.
La obra, donada por el Gobierno Coreano, es obra del surcoreano Yoo Young‑ho, y con ella, como venimos contando, se recuerda los sesenta años de la llegada de la Corporación Nacional del Desarrollo de Pesca de Corea (Korea Fishery Development Corporation) a la isla.
La escultura, que ya se está convirtiendo en uno de los reclamos culturales de la capital grancanaria, se encuentra situada en la Plaza de Canarias, junto a la Grúa Titán, en el entorno del Muelle Santa Catalina. Su inclinación también simboliza el abrazo entre culturas y la tolerancia entre distintas razas y tradiciones que siempre ha marcado la impronta de Gran Canaria, en este caso con la comunidad coreana y con todo lo que ha aportado a la vida de la isla.
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