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Blog Oficial de Turismo de Gran Canaria

Escultura del Greetingman en Las Palmas de Gran Canaria, en la isla de Gran Canaria

El Greetingman saluda a los viajeros que llegan a Las Palmas de Gran Canaria

La escultura situada en la Plaza de Canarias, frente al Muelle Santa Catalina, recuerda la estrecha relación entre la República de Corea y Gran Canaria.

Quienes visiten la zona portuaria de Las Palmas de Gran Canaria se encontrarán con una figura de seis metros de alto, dos de ancho y con un peso de dos toneladas fabricada en aluminio y con una estructura interior de acero. Es imposible no reparar en ella y no elevar la mirada cuando la tenemos delante. Se trata del Greetingman, una donación de la República de Corea (Corea del Sur) para testimoniar los sesenta años de presencia coreana en el Puerto de Las Palmas y los setenta de las relaciones diplomáticas entre España y el país coreano.


Valleseco

El tiempo se detiene en Valleseco

Valleseco, en el corazón verde de Gran Canaria, envuelve al visitante en un manto de naturaleza, tradiciones y sabores.

Valleseco se despereza al alba y se arrulla en la noche con un rumor de aguas. Los lavaderos, los vestigios de viejos molinos, las galerías y las acequias componen un espejo donde se mira y se reconoce un municipio que despliega cada mañana un inmenso muestrario natural donde se puede comprobar que existe una cantidad aparentemente infinita de tonalidades del color verde.


Centro Interpretación de Risco Caído, Artenara

Gran Canaria abre un túnel al pasado

El Centro de Interpretación de Risco Caído y los Espacios Sagrados de Montaña recorre los valores de un espacio declarado Patrimonio de la Humanidad.

Hubo un tiempo en el que los antiguos habitantes de Gran Canaria fueron capaces de establecer un vínculo entre el cielo y la tierra. Ocurrió en las cumbres de la isla. Aquellas personas crearon un mundo único que surgió entre sus manos y en el que implicaron a los mismísimos astros. El ejemplo más espectacular de este diálogo entre los humanos, el sol y la luna surgió hace ocho siglos en una cavidad a 1.200 metros de altura excavada en la piedra volcánica. La luz solar y el halo de plata de las lunas llenas penetraban como por arte de magia a través de la claraboya rectangular diseñada a tal efecto, de tal modo que iluminaban y recorrían las figuras grabadas sobre una de las paredes de la llamada cueva número seis de Risco Caído. Pero no era magia, sino el fruto conjunto de la observación, la técnica y las creencias.


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