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Blog Oficial de Turismo de Gran Canaria

Roque Nublo y Roque Bentayga, Cumbre de Gran Canaria

Gran Canaria, una isla que regala colores en sus montañas, riscos y barrancos

En Gran Canaria, no solo hay épocas del año alfombradas con el almendro en flor o los tajinastes azules sino que también podemos encontrar el púrpura de la savia o los blancos de las retamas.

No solo es la intensidad de la luz o los azules del cielo los que convierten a Gran Canaria en una isla que regala paisajes que nos cambian el semblante y nos alegran la mirada. También está su vegetación, el verde sus pinares, la flores que encontramos por los caminos y en muchas casas durante todo el año y, sobre todo, las floraciones atávicas de especies que alfombran las laderas y los barrancos de la isla durante varias épocas del año.


Sendero entre pinos, en Gran Canaria

La memoria de los árboles de Gran Canaria

Los árboles singulares de Gran Canaria ofrecen un particular resumen de su historia y biodiversidad.

Los árboles singulares de Gran Canaria tienen nombre propio y la población de la isla se dirige a ellos como quien le habla a un viejo amigo, a un venerable anciano o a una madre a cuya sombra se han criado varias generaciones, como ocurría alrededor de la Castañera Grande de Las Lagunetas, en Vega de San Mateo, pues la ceniza de la leña de este ejemplar de más de tres siglos de vida se usaba para cicatrizar los ombligos de las criaturas recién llegadas a este mundo insular guarecido bajo la arboleda.


Playa de El Perchel, Arguineguín

La vieja calma, el nuevo Perchel

La Playa de El Perchel, en Arguineguín, acrecienta su atractivo tras la remodelación de su entorno y los nuevos servicios.

La calma se baña cada día en el mar de Arguineguín, en la costa de Mogán, al sur de Gran Canaria. La tranquilidad de estas aguas resulta contagiosa. Se adhiere a la piel, como el suave salitre. Este efecto se observa también en el ritmo pausado de las personas que entran y salen del océano. O en las conversaciones al ritmo de las olas en el paseo. “Hoy está la marea para pescar”, refrendan los vecinos, sentados en el banco, mientras contemplan el inmaculado espejo azul que se extiende ante ellos. Así es. De hecho, al filo de las once de la mañana comienza el lento goteo de regreso al muelle de los barcos artesanales.


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