Gran Canaria, una isla que regala colores en sus montañas, riscos y barrancos
En Gran Canaria, no solo hay épocas del año alfombradas con el almendro en flor o los tajinastes azules sino que también podemos encontrar el púrpura de la savia o los blancos de las retamas.
No solo es la intensidad de la luz o los azules del cielo los que convierten a Gran Canaria en una isla que regala paisajes que nos cambian el semblante y nos alegran la mirada. También está su vegetación, el verde sus pinares, la flores que encontramos por los caminos y en muchas casas durante todo el año y, sobre todo, las floraciones atávicas de especies que alfombran las laderas y los barrancos de la isla durante varias épocas del año.
Almendros en flor
Nunca hay que perderse la floración de los almendros a finales de enero y en el mes de febrero. Durante esas semanas, uno se sorprende en cualquier paisaje de las medianías y en las cumbres de Tejeda, Artenara o Valsequillo con esa sensación tan cercana a un paisaje nevado; pero, en este caso, casi siempre bajo un cielo azul que vuelve aún más intenso el níveo intenso de los almendros en flor. Esta floración se celebra además con una fiesta que recibe el nombre del Almendro en Flor y que se celebra alternativamente en los municipios de Tejeda y Valsequillo. Los almendros también se pueden encontrar en San Bartolomé de Tirajana, algunas zonas del Valle de Agaete, en el barranco de Guayadeque o en muchos paisajes de San Mateo o Santa Brígida, entre otras zonas de la isla.
Tajinaste azul
Tampoco puede perderse nadie la floración de los tajinastes azules entre los meses de enero y marzo. El lugar en el que se puede observar con todo su esplendor y belleza esa fiesta de colores es Tenteniguada, y en concreto la zona de La Caldera de los Marteles, en donde además podemos observar uno de los conos volcánicos más impresionantes de Gran Canaria. Pero esta floración de los tajinastes se convierte en un espectáculo en muchos otros barrancos de la isla, y en el caso del tajinaste azul también podemos encontrar algunas zonas alfombradas en Fagagesto o en Antona.
El púrpura de la salvia canaria
Otra fiesta de colores y contrastes que hará detener nuestros pasos si caminamos por Gran Canaria, será la floración de la salvia canaria (salvia canariensis) que tiñe de púrpura los campos y los montes de zonas de la isla como el Montañón Negro, donde el contraste entre el picón oscuro y ese color púrpura nos regala la belleza que atesora el planeta cuando se tiene la suerte de encontrarla. Esta maravilla colorista también la podemos hallar en zonas del Pinar de Tamadaba o en las cercanías de Artenara. La salvia canaria aparece desde la costa hasta aproximadamente los 1.800 metros de altura. Su presencia es habitual desde el otoño hasta la primavera, aunque, según las condiciones meteorológicas, la podemos encontrar durante otras épocas del año.
Los destellos blancos de las retamas
La floración en laderas o barrancos de la retama blanca es, sin duda, otro de los atractivos que nos ofrece el invierno de Gran Canaria cuando nos acercamos a sus campos. De repente, si alzamos la mirada, nos podemos encontrar con cientos de arbustos que blanquean el paisaje como si hubiera caído una pequeña nevada o como si la escarcha hubiera vencido al calor del día. La retama blanca la podemos encontrar en zonas de la isla como los barrancos de San Miguel, del Mocán o Los Cernícalos, o en el espacio natural de la Caldera de Bandama. Ese encuentro, además, nos regalará el perfume de un arbusto que los grancanarios y quienes visitan la isla reconocen como parte del encanto de una isla que siempre mira hacia la luz y el colorismo desde todos sus puntos cardinales.
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