El Vino
Tradición,variedad y sabor volcánico
Los vinos de Gran Canaria destacan por su extraordinaria diversidad y personalidad, fruto de una combinación única de suelos volcánicos, microclimas variados y altitudes que alcanzan los 1.300 metros. Con una tradición que se remonta al siglo XVI y el respaldo de su propia D.O.P., la isla posee una singularidad excepcional: al no haber sufrido la plaga de la filoxera, conserva cepas de pie franco con una pureza genética única en el mundo. Esta riqueza se traduce en vinos longevos y complejos, elaborados a partir de 33 variedades (26 de ellas locales), que reflejan fielmente la identidad natural y cultural del paisaje canario.
La riqueza varietal de la isla y sus singulares condiciones naturales permiten elaborar una amplia gama de vinos: tintos con carácter, blancos frescos y afrutados, semisecos, semidulces, dulces, licorosos y rosados.
Vinos tintos
Los tintos de Gran Canaria son de color rojo granate, cereza o rubí, con reflejos violáceos de capa media a muy alta, limpios y brillantes. Su aroma es expresivo, con notas de frutas rojas, especias, tabaco o chocolate, y en el caso de los criados en barrica, se suman matices de clavo, regaliz, vainilla o canela. En boca presentan sabores a fruta roja, son intensos, equilibrados y persistentes, con taninos dulces.
La comarca del Monte Lentiscal es el corazón histórico de la viticultura insular, donde predominan los tintos. Aquí conviven los sistemas tradicionales —con viñas que se extienden sobre el picón volcánico— y el cultivo en espaldera, que facilita el trabajo y da mayor salud a la planta. El resto de la isla (que suma mayor número de bodegas y de litros de vino, pero de forma más dispersa). La variedad más abundante es la Listán Negro, aunque también se cultivan Negramoll y Tintilla, sobre todo en municipios como San Mateo, Telde, Valsequillo y Teror.
Vinos blancos
Los blancos de Gran Canaria son limpios, brillantes y de tonos amarillo paja pálido, con ribetes que van desde el verdoso al dorado. En nariz presentan intensidad aromática de media a muy alta, con perfiles frescos y afrutados. En boca resultan ligeros, equilibrados y muy agradables, ideales tanto para acompañar pescados y mariscos como para degustar solos.
Las zonas del sur y la cumbre de la isla concentran la mayor parte de la producción de blancos, aunque también en el Monte Lentiscal existe tradición en su elaboración. Las variedades más utilizadas son Listán Blanco, Moscatel y Malvasía, combinadas en ocasiones para obtener vinos más aromáticos y complejos.
Vinos dulces y de licor
Los vinos dulces han sido siempre muy apreciados en Canarias, y en Gran Canaria su tradición se concentra en el Monte Lentiscal, aunque con producciones reducidas. Ya a comienzos del siglo XX algunas bodegas, como la de San Juan del Mocanal, embotellaban este tipo de caldos.
La uva por excelencia es la Moscatel, muy rica en azúcar, a menudo combinada con Malvasía. De ahí que la expresión “vino moscatel” se haya popularizado, aunque en realidad engloba a los vinos dulces y licorosos.
En Gran Canaria, casi todos los dulces son blancos, elaborados a partir de Moscatel y Malvasía Aromática, variedades cultivadas en la isla desde hace siglos.
Del mar a la cumbre: los vinos de Gran Canaria
La diversidad geográfica de Gran Canaria da lugar a vinos elaborados en muchos estilos diferentes. En términos generales, sin embargo, es posible distinguir entre aquellos producidos con uvas cultivadas a baja altitud y los elaborados a partir de cultivos “ de altura” en el interior de la isla, de carácter casi alpino.
Son vinos que pueden disfrutarse jóvenes, pero que en buenas añadas también ganan elegancia con la crianza en barrica y botella. Algunos de ellos, elaborados en el entorno del Monte Lentiscal y el Pico de Bandama, se conocen como “tintos del monte” y forman parte del paisaje vitivinícola más tradicional de la isla.
En los valles y laderas interiores de la isla, los vinos tintos adquieren otra personalidad. Allí, el clima más fresco y las grandes oscilaciones térmicas permiten obtener tintos más ligeros en color y cuerpo, pero muy aromáticos y expresivos, en los que gana protagonismo la variedad Vijariego Negro. La Listán Negro, se destina con frecuencia a la elaboración de rosados frescos y vibrantes.
En cuanto a los blancos, los blancos secos y semisecos elaborados en viñedos de baja altitud suelen producirse mayoritariamente a partir de Listán Blanco, Malvasía Aromática o Moscatel, o con combinaciones de estas variedades. Generalmente, estas uvas se vendimian de noche y se fermentan en acero inoxidable, buscando vinos pensados para beber en su juventud.
Los blancos de cumbre, por su parte, destacan por su frescura y complejidad. El resultado son blancos con aromas tropicales y frutales, paladar cremoso y un final persistente, que sirven para maridar tanto con la cocina tradicional de Gran Canaria como con su alta gastronomía.
Un legado gastronómico único
Los vinos de Gran Canaria son el resultado de un territorio único, marcado por su origen volcánico, la diversidad de microclimas y un valioso patrimonio de variedades autóctonas. La combinación de suelos, altitudes extremas y una tradición vitivinícola centenaria da lugar a vinos con identidad propia, reconocidos por su calidad, autenticidad y carácter.
En definitiva, el vino de Gran Canaria es una expresión viva del paisaje y la cultura de la isla. Integrado en su gastronomía y en la experiencia turística del destino, invita a descubrir Gran Canaria desde una mirada diferente, donde naturaleza, historia y sabor se unen en cada copa.








