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La Aldea de San Nicolás

La Aldea de San Nicolás cuenta con una extensión de 139 kilómetros cuadrados. Se conforma desde la costa al interior y su altitud es 340 metros sobre el nivel del mar. Está cercada en sus límites norte y este por acantilados y barrancos y se alarga de norte a sur en una irregular franja costera de 33 kilómetros. Se trata de una costa considerablemente accidentada, alta, rocosa de gran belleza y con playas o pequeñas calas que se corresponden con las desembocaduras de barrancos o barranquillos.

Un itinerario por el municipio de La Aldea de San Nicolás permite que el visitante aprecie la arquitectura popular canaria que se despliega en el casco antiguo de la Villa: las casas de piedra y barro, de los siglos XVII y XVIII, y las casas de balcón del siglo XVIII. Ejemplos de ellos son la Casa del Balcón, primera casa del casco urbano, Casas Blancas y Casa del Corredor.

En el municipio es muy popular el Museo Vivo. Se trata de una escenificación de la cultura y tradiciones canarias que se realiza en vivo: la trilla con animales, la elaboración de pan en un horno tradicional, el ordeñe de cabras, la degustación de leche con gofio o la elaboración del queso.

Pero también el legado aborigen es muy importante en La Aldea. En el Complejo Arqueológico de Los Caserones se encontró una rica colección prehispánica de pintaderas e ídolos de barro y piedra que actualmente se conservan en El Museo Canario, en Las Palmas de Gran Canaria.

Es recomendable realizar una visita a las antiguas eras de trillar, a las minas de agua situadas en el Barranco de Tocodomán, a los cuatro molinos harineros de viento y de agua; a los hornos de cal, brea y pan y al alambique para la destilación de ron que funcionó entre 1936 a 1958, en la Playa de La Aldea.

En la Aldea de San Nicolás son curiosos los cultivos aeropónicos (cultivar en el aire tomates y berenjenas), únicos en Europa.

A lo largo de los 33 kilómetros de la costa de La Aldea de San Nicolás se intercalan playas de piedra, pequeñas calas, cuevones, playas de arena negra. En su mayoría son playas poco transitadas que se conservan intactas en un paisaje natural casi virgen.

Destacan la Playa de La Aldea, la más visitada por estar situada en el pueblo, las Playas de Tasarte y Tasartico, y, muy especialmente, las playas de Güi Güi, de gran belleza por el entorno que la envuelve.